Prisma sensato
- JP.

- 9 ago 2021
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 21 ago 2021
No es suficiente con que el consejo directo y las palabras sabias interrumpan ante tu escena de caos, porque el gran detonante del cambio será ese momento en que lo sientas.
Una roca flotante del espacio ha tenido un avistamiento con un comportamiento alterado, fuera de sí, y se advierte a un satélite natural cercano sobre el posible impacto, esto es con la finalidad de que se tomen acciones de precaución y evitar colisiones que predicen escenarios turbios. El satélite natural no conocerá ni sabrá del impacto hasta que sea golpeado, con la intensidad correspondiente, según se den los factores externos y propios de la roca flotante.
El satélite tampoco hubiera tenido la capacidad de percibir un aviso de urgencia contra su integridad, es inerte, y esa inercia le permite no descalabrarse como los humanos que encienden alarmas mentales traspasadas a las físicas creando un dolor mayor antes de ser tocados.
El evento que tenga que ocurrir, merece ser vivido con y sin miedo. Luego del impacto sabremos con certeza nuestro porcentaje de superficie intacta, el porcentaje de superficie dañada, y el porcentaje de superficie próximo a desaparecer, y aunque el escenario torne negativo, ese es nuestro simple resultado, porque en el fondo seguimos permaneciendo... y sintiendo.

Si tuviéramos la distancia y reacción adecuada ante cualquier evento sorpresivo, sería un daño que tendría su debida relevancia; la más mínima. Suerte por aquellos cuerpos capaces de adaptarse a sus nuevas formas, suerte por aquellos cuerpos por aceptar su trayectoria, incluido sus obstáculos.
Nosotros como simples espectadores tenemos la capacidad de cuestionamiento y reflexión, capaces de dar entendimiento y distancia debida ante un fenómeno inesperado; esa capacidad de adquirir diferentes perspectivas que se dan en un objeto en particular; nosotros mismos.
No resistir significa ser más poderosos.

JP.



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