Presagio
- JP.

- 2 feb 2020
- 2 Min. de lectura

Cada imagen, cada partícula, cada parte de cada sistema, cada símbolo e intención, cada acto y real consecuencia, cada mensaje cifrado aquellos que no requerían mayor estudio para lograr notarlos. Símbolos divinos, insertos en momentos y mensajes reveladores. El efecto cadena que cae por sobre cada parte, por sobre cada elemento que tenían un sol para llegar a, así como lo fueron años atrás. Patrones significativos, algunos predecibles, algunos que asustan por tener el poder de traspasar más allá de un guión y pantalla, que están situados aquí, en nuestra vida, en nuestro diario vivir. Es así como el caos, se vuelve un sacrificio, una antigüedad que queda atrás, para qué? Para su liberación de carga, para el nuevo renacimiento, para la reconstrucción de aquello que se esfumó. Esas pelotas de golf que tenían mayor peso, que son gran parte fundamental de ese frasco, recae en las personas, no desconocidos, sólo quienes sean aptos y capaces, quienes a pesar del caos, de la destrucción, del temor a lo nuevo, sean eficientes y coherentes con su actitud y disposición. En su momento puede ser un tormento para quienes lo perciben simplemente desde fuera. Ellos, nosotros, sabemos cuándo, tenemos la tranquilidad y protección latentes, no nos dañan. Elementos entre ambos mundos, elevados y dramáticos, no son compatibles entre sí, jamás lo serán y para eso están, para ser determinantes en quienes están altamente capacitados y entregados para devolver a la tierra aquello que el resto contaminó. Elementos sagrados y divinos, tormentos dramáticos y populares, así como la "Symphony 7, mov. 2, allegretto", la ida hacia un árbol dominante, que recoge mucha experiencia, el grosor de su tronco, lo frondoso de sus hojas, su paisaje alrededor da mucha más potencia a aquello que se quiere transmitir. Lo esencial es invisible. Simple como partículas, complejo como sistema. Energía como sinergia. Patrones en lo divino, patrones en el mundo de dramáticos, patrones del universo, todo ya lo sabemos, todo ya está, depende de nuestra capacidad de otorgar magia nueva, para un nuevo renacer. No nos preocupemos de quienes quedan, así lo quisieron, no se interesaron, no hay que insistir más. Como aquellos elegidos, quién oían, quienes tenían la fortaleza y tranquilidad, aquellos dominantes de lo superior fueron vistos, guiados y llevados hacia lo que merecían... Mi máximo deseo personal, mi gran anhelo antes de partir ha sido ese, que alguien sea capaz de poder restacarme a tiempo, ya lo hicieron, sigo en esa lucha constante hacia mi elevación porque así está determinado, mi inquietud está latente, mi sed por explorar y descubrir crece cuando abro nuevos campos. Seguiré en mi camino hacia la altura sin fin.
JP.




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